¿Qué es un cóctel sin historia? ¿Sin un poco de romántica que acompañe a una gran bebida? El Grup Confiteria, famoso por rescatar locales icónicos y cargados de personalidad, celebra el Día Mundial del Cóctel a su manera: con seis espacios que son mucho más que bares. Son refugios para los que no solo quieren beber, sino también vivir. Desde el toque retrofuturista de Focacha hasta la autenticidad de barrio de Mudanzas, cada uno de estos locales es una declaración de principios, un brindis a la vida y un guiño a las noches que se quedan en la memoria.
Focacha
Un homenaje a la Gauche Divine y a los días en que la contracultura mandaba en las noches de Barcelona. Escondido tras la fachada de una modesta focaccieria en la calle Tuset, este speakeasy juega con la nostalgia y el futuro. Diseñado por Isern Serra, Focacha combina luces bajas, alfombras gruesas y volúmenes geométricos para crear una atmósfera íntima y sensorial. Los cócteles aquí son precisos y sin tonterías, una carta que se mueve entre la elegancia y la explosión de sabores.

Mudanzas
En un Born cada vez más saturado de cadenas y turistas, Mudanzas resiste. Con su techo de bóveda catalana, suelos ajedrezados y esa vibra de bar de toda la vida, es el último bastión del espíritu de barrio. Aquí se honra la historia, con cócteles que rinden tributo a clásicos locales como Casa Gispert y Granja Xador. Esto es beber con propósito, con historia, con alma.

La Confiteria
Si las paredes pudieran hablar, las de La Confiteria contarían historias de amores prohibidos, pactos sellados y noches sin final. Con su barra de mármol, vitrales y estanterías de madera oscura, este es un espacio para quienes saben que lo clásico nunca pasa de moda. Aquí se respira historia, pero también se brinda al presente con cócteles precisos y llenos de carácter.

Monk
Escondido detrás de un supermercado 24h en la calle Abaixadors, Monk es una iglesia para los amantes de lo inesperado. Con luces inspiradas en James Turrell y una tribuna para DJ que predica cada noche, este lugar no es solo un bar, es una experiencia sensorial. Para los que no temen a la oscuridad, a lo experimental, a lo diferente.

Paradiso
Detrás de la nevera del Pastrami Bar se esconde uno de los secretos peor guardados de Barcelona. Este bar, incluido entre los 50 mejores del mundo durante cuatro años consecutivos, es una oda a la creatividad sin límites. Desde cócteles fluorescentes hasta combinados servidos con gafas 3D, aquí las reglas no aplican. Esto es beber sin manual de instrucciones.

Betlem
Este espacio es pura autenticidad. Fundado como colmado en 1892, hoy es un rincón donde se honra el producto local y la cercanía. La barra, las vitrinas centenarias y la madera antigua hacen del lugar un poema a lo genuino. Aquí, los cócteles son elegantes, sin adornos innecesarios, y perfectos para quienes entienden que lo simple, cuando es bueno, no necesita nada más.
