Si el jamón hablara, diría: “Soy tu mejor vendedor”. No necesita cocina, no necesita presentación y, aún así, convierte cada tapa en un acto de fidelización. Así lo ha dejado claro Enrique Tomás —CEO de la cadena de jamonerías más grande del mundo— durante su charla en HIP Horeca Professional Expo. En esta charla, ha revelado por qué el jamón ibérico no es solo un producto estrella: es una máquina de rentabilidad, una herramienta para conquistar clientes… y hacer que vuelvan.
Más que una tapa, un modelo de negocio
Durante la conferencia, Enrique Tomás ha defendido al jamón como un producto único que conjuga sabor, prestigio, durabilidad y facilidad de servicio, convirtiéndolo en un activo estratégico para cualquier negocio de restauración. Más allá del simple corte, ha explicado cómo la rentabilidad del jamón radica en su aprovechamiento total, sin confundir el valor de cada parte del producto: “Cada zona tiene su precio, y hay que maximizarlo sin perder calidad”.
Uno de los puntos clave es la fidelización: la venta no acaba con la primera compra, sino cuando el cliente vuelve. Según Tomás, para lograrlo, es indispensable cumplir (y superar) las expectativas. “Un cliente que repite es un negocio que funciona. Pero si el jamón no está a la altura, no hay fidelización posible”.
El empresario también ha compartido aprendizajes para estandarizar y escalar un negocio gastronómico: uniformidad en el servicio, control del producto y una mirada innovadora. “El jamón siempre ha existido, pero innovar es adaptarse al momento”, asegura. También ha presentado un nuevo concepto de jamón “por cosecha”, con una maduración de hasta cinco años, que mejora con el tiempo, rompiendo la lógica tradicional de la carne fresca.
Enrique Tomás ha dejado claro que el jamón no solo es rentable por su naturaleza, sino por cómo se gestiona, se presenta y se convierte en una experiencia para el cliente. Una lección para todos los profesionales que buscan diferenciarse en la hostelería actual.