En el Gastronomic Forum de Barcelona, el chef Mateu Villaret relata su inspiradora trayectoria desde sus inicios en el Maresme hasta la apertura de su restaurante en Tokio, donde ha llevado la cocina catalana a un nuevo público con autenticidad y pasión. “Todo empieza de la obsesión de comer, no me interesaba nada más”, confiesa al recordar los primeros pasos de una carrera marcada por la curiosidad y la perseverancia.
Villaret explica que su interés por Japón nació mientras trabajaba en un restaurante japonés en Cataluña. Años después, ese sueño se materializó cuando tuvo la oportunidad de formar parte de un restaurante de tres estrellas Michelin en Japón. La experiencia lo motivó a abrir su propio espacio en 2019, aunque poco después llegó el desafío del COVID-19, que puso a prueba su proyecto y su determinación. “Teníamos la libertad de elegir si cerrar o no”, recorda.
Cataluña con alma japonesa
El chef explica que, al principio, los clientes japoneses llegaban con una idea errónea. “Venían pensando que éramos un restaurante español, preguntaban si hacíamos paella, y al decir que no, se iban”. Esa confusión lo lleva a reafirmar su identidad: “Hacemos una cocina muy catalana y la decoración del restaurante es de artistas catalanes”.
Villaret no busca deslumbrar con la creatividad, sino con la autenticidad: “No hago creatividad, sino personalidad, me gusta más”. En su propuesta, el sabor y la técnica catalana se fusionan con el paladar japonés a través del umami, concepto clave en su cocina. “Trabajamos mucho los umamis allá, porque es lo que ellos conocen y entienden. Queremos trasladar nuestros umamis allá”.
El chef destaca también el aprecio de los japoneses por la estética, los productos de alta calidad y la fidelidad de los clientes. “Tenemos clientes que han ido hasta 20 veces”, cuenta con orgullo. A pesar de las dificultades del primer año tras la pandemia, asegura sentirse plenamente realizado: “Es una aventura. Soy muy feliz allá, y los clientes japoneses son muy buenos, muy tranquilos y muy agradecidos”.
Para Villaret, vivir y cocinar en Japón ha sido una lección de paciencia, respeto y aprendizaje continuo. “Tenemos la suerte de trabajar con productos espectaculares, y cuando dices que eres de Barcelona, la gente lo entiende de otra manera. Barcelona es una marca muy diferenciada”, afirma.