En los últimos años, las gildas han pasado de ser un clásico del tapeo vasco a convertirse en uno de los pintxos más icónicos y solicitados en bares de toda España. Ahora vemos a las gildas por todo el Instagram gracias a su estética atractiva y su sencillez elegante.
Además, en muchas ciudades se han reinventado como una tapa gourmet. Los establecimientos que apuestan por la calidad ofrecen versiones elaboradas con ingredientes de primera, sin perder la esencia de la receta original: una guindilla, una aceituna y una anchoa, unidos en un palillo para concentrar en un solo bocado intensidad, frescura y sabor.
De San Sebastián a cruzar las fronteras vascas
Su historia se remonta al San Sebastián de la década de 1940, cuando, inspirados por el magnetismo de la película Gilda (1946) protagonizada por Rita Hayworth, los hosteleros bautizaron así este pintxo tan peculiar. Desde entonces, la gilda ha viajado mucho más allá del País Vasco, adaptándose a diferentes gustos y reinterpretándose en cada lugar.
Hoy es habitual encontrar variantes con pepinillos, pimientos, mejillones, langostinos, queso o distintos tipos de encurtidos. Algunas propuestas incluyen anchoas de denominaciones específicas, como las de Cantabria o las de categoría gourmet.
En el terreno de la alta cocina, chefs creativos incorporan ingredientes de temporada o técnicas innovadoras, como guindillas encurtidas de elaboración propia o salsas artesanas para ofrecer una versión sofisticada, pero fiel al espíritu del pintxo original.
La magia de las gildas sigue siendo la misma: el contraste irresistible entre lo salado, lo picante y lo suave, ideal para acompañar con un buen vino o una cerveza bien fría.