Hay proyectos que nacen de una idea de negocio y otros que nacen de una nostalgia. El de Javier Fuentes nace de ambas cosas y de una intuición muy afinada. Antes de que la pandemia cambiara las reglas del juego, antes incluso de que la comida venezolana explotara con fuerza en Europa, él ya estaba pensando cómo llevar un pedazo de Venezuela a las casas de quienes la echaban de menos.
Hoy, Javier es CEO y fundador de La Mechada Express, una marca de productos venezolanos congelados y de La Churuata, el restaurante que se ha convertido en punto de encuentro y refugio caribeño.
“Mi idea fue crear una marca de productos venezolanos congelados y que la gente pudiera pedir desde casa y terminar de preparar esa comida que les recordaba a Venezuela”.
De la ‘ecommerce’ al fogón
La historia de La Mechada Express comienza antes de la pandemia del COVID. Inspirado por el boom de gigantes como Amazon y el crecimiento del ecommerce, Javier vio una oportunidad clara: productos venezolanos congelados, bien hechos, pensados para el hogar, para que cada persona terminara el plato con sus propias manos.
En ese contexto, el delivery ya era una necesidad, el congelador un aliado y el proyecto creció. Sin embargo, al acabar el confinamiento, el comportamiento del consumidor regresó a la “normalidad”. Por lo que, la comida caliente toma más fuerza e importancia, pues la gente quería salir a los restaurantes.
Ahí viene el siguiente giro: nuevos canales, una marca de comida caliente, venta a restaurantes y finalmente, el gran salto.
La Churuata: un hogar más grande
Abrir un restaurante no estaba en el plan inicial, pero cuando aparece la oportunidad, Javier decide asumir el reto. Así nace La Churuata, un nombre con peso simbólico y raíces profundas.
La palabra no es casual, pues una churuata es una choza indígena amplia, un espacio de reunión comunitaria. “Nos pareció perfecto porque queríamos que el restaurante fuera un hogar para los venezolanos y también para quienes no lo son”.
Más allá de la arepa y el tequeño
La gastronomía venezolana vive un momento de auge en Europa. Cada vez hay más locales, más propuestas, más visibilidad. Pero Javier tenía claro que no quería quedarse en lo obvio.
En La Churuata el foco está puesto en la costa venezolana y el Caribe. Mariscos, pescado, platos frescos y sabores profundos que no siempre son conocidos fuera del país.
“Aquí se conoce mucho la arepa o el tequeño, pero la comida venezolana es mucho más que eso”.
La carta apuesta por platos más elaborados, con mayor técnica y tiempo de preparación. Una cocina que Javier define como la voz de la gastronomía profunda y secreta de Venezuela.
Compartir, probar, descubrir
Otro punto clave del concepto es la forma de comer. La propuesta está pensada para compartir, para pedir varios platos al centro y probar distintos sabores. Las porciones son más contenidas, la presentación cuidada y el enfoque claramente influenciado por la gastronomía europea.

No se trata de renunciar a la identidad, sino de adaptarla. “Aquí ya no se come tan pesado como cuando vivíamos en Venezuela, y por eso adaptamos los platos y la presentación”.
El objetivo no es atraer solo al público venezolano, aunque sigue siendo una parte importante, sino a cualquier comensal curioso, abierto a descubrir algo nuevo. Y ese público europeo, según Javier, ha respondido mejor de lo esperado.
La experiencia completa
En La Churuata la experiencia empieza antes del primer bocado. El ambiente tropical, la vibra caribeña, la música, la sonrisa con la que te reciben al entrar. Javier lo tiene claro: el servicio es tan importante como el sabor.
“Nos encanta servir y atender a las personas, es parte de la forma de ser del latino”.
El equipo asesora, acompaña, recomienda. Y luego viene la guinda del pastel: que la comida esté buena, que reconforte, que sorprenda.
Los platos que mandan
Hay clásicos que no fallan. Los tequeños son un imprescindible y uno de los productos más vendidos. Pero la carta va mucho más allá.
La yuca frita estilo Wayuu, con ensalada de col y queso rallado, es otro de los hits. Los tostones playeros, plato favorito de Javier, están siempre en el top tres. La sopa de mariscos potente y reconfortante, triunfa en invierno. En verano, el Vuelve a la Vida, un cóctel afrodisíaco de mariscos típico de las playas venezolanas, se roba el protagonismo.
Y en los postres hay un claro ganador: la tarta tres leches. “Viene gente solo a comer tres leches. Nos piden una, dos, las que haga falta”.
Muchos canales, una sola cabeza
El proyecto no se limita al restaurante. Javier opera en múltiples frentes: Glovo, Uber Eats, tienda online, venta directa, productos congelados bajo La Mechada Express, distribución a restaurantes. Una estructura compleja que, sin tecnología, sería imposible de manejar.

Al principio todo era manual. Pero crecer implica delegar, integrar y optimizar. “Llega un punto en el que si no colapsas, tienes que tomar una decisión”.
Ahí entra la tecnología como necesidad real, no como lujo. Centralizar procesos, unificar canales y tener control se volvió clave para poder seguir creciendo sin perder la cabeza.
Lo que viene
Con dos años y medio de recorrido, La Churuata ya mira al futuro. El objetivo es claro: un segundo restaurante en Barcelona en el corto plazo y, más adelante, Madrid y Valencia.
Sin prisas, pero sin pausa. Como su cocina. Porque si algo ha demostrado Javier Fuentes es que sabe adaptarse, leer el momento y moverse cuando toca. Del congelador al fuego vivo del Caribe. Y lo que queda por delante promete seguir dando hambre.