En Barcelona hay un lugar donde los vegetales no son una guarnición, sino el centro de todo. Fat Veggies es toda una declaración de intenciones: respeto por la tierra, técnica, riesgo y una personalidad tan marcada que se nota desde que entras por la puerta. Juancho Martini, propietario y cocinero, lleva la pasión casi como lema de vida. No nació chef, pero eligió serlo. Y eligió el camino más difícil: poner a las verduras en lo más alto.
Desde el primer momento supo que la cocina vegetal le abría un universo. “Es lo que más me gusta, es lo que más me reta, es lo que más me llama”. No es una moda. Es una forma de entender el producto, el territorio y el tiempo. En Fat Veggies, la estacionalidad no es un concepto bonito: es una regla del juego. Cada plato depende del clima, del agricultor, del suelo y del ahora.
“El aquí y el ahora están muy presentes, muy sensibles, muy despiertos”
Cómo nace Fat Veggies
Juancho no empezó en la cocina, pero la cocina lo atrapó. “Yo soy cocinero pasional. Había estudiado otra cosa, pero me atrapó la cocina y desde el momento uno me sumergí en ella”. Con el tiempo, la verdura se convirtió en su obsesión. Encontró en ella creatividad, técnica y desafío. Así nació Fat Veggies: una propuesta vegetal con valores claros.

“Nos especializamos en el mundo vegetal” cuenta, y lo dice con orgullo. No es solo cocinar verduras, es trabajar con cercanía, artesanía y territorio. La carta cambia constantemente porque la naturaleza manda. Cataluña, con su diversidad brutal de suelos y climas, se convirtió en el escenario perfecto. “Somos muy privilegiados de poder plasmar esto en un sitio como Barcelona”.
“Hacemos comida vegetal con una visión muy de territorio, muy de estacionalidad”
El local: una cabaña llena de personalidad
Entrar en Fat Veggies es entender que aquí nada es casual. El espacio tiene alma. Dos plantas, una barra llena de frascos de fermentos y ginger beer casera, paredes con arte, muebles únicos. Todo hecho por ellos. “Nos gusta involucrarnos en todos los procesos y eso se siente desde el momento en que entras”.
La estética busca hacerte sentir en una cabaña en el bosque. Una mezcla entre laboratorio y refugio. Fermentos a la vista, bebidas hechas en casa, detalles por todas partes. No es solo comer: es vivir su universo.
“Creemos en la artesanía de hacer todo en casa”
Desafíos de trabajar con producto local
Apostar por lo local y lo vegetal no es lo fácil. Requiere flexibilidad, paciencia y creatividad. “Tienes que estar más dispuesto, abierto, presente, tienes que ser más flexible”. El clima cambia, los productos desaparecen, los agricultores no pueden prever. Y en lugar de quejarse, lo convierten en motor.
“Es un reto, pero lo tomamos como un privilegio”. La relación con el agricultor es directa. No es solo compra, es colaboración. Un restaurante puede impactar en la economía local, en cómo se cultiva y en cómo la gente come. Eso tiene peso, y Juancho lo sabe.

Cambiar la percepción del vegetal
Muchos clientes llegan pensando que la verdura es aburrida. Se van con otra idea. “Es un reto bonito hacerles cambiar esa opinión”. En Fat Veggies, un plato vegetal puede ser más sabroso que un filete de carne o pescado. Combinan fermentos, técnicas, fuego y creatividad. Además, juegan con el aprovechamiento total del producto. Nada se tira. Todo se transforma.
“Si estás involucrado en todos los procesos, tienes más margen de controlar el producto final”. Y eso se nota. La sostenibilidad aquí no es marketing, es lógica culinaria.
Autenticidad y esencia
Fat Veggies arriesga. No busca gustar a todos. Busca ser fiel a sí mismo. “Aquí la gente va a probar cosas que no pruebas en otros lados”. Kombuchas caseras, sabores intensos, texturas inesperadas. Personalidad pura.
Juancho lo resume mejor que nadie:
“Belleza es cocina local, de producto de temporada. Artesana y sabrosa.”
Fat Veggies no es solo un restaurante de verduras. Es la prueba de que la cocina vegetal puede emocionar, sorprender y marcar un camino. Aquí, la verdura no es el futuro. Es el presente.