Que si el chocolate viral de Dubái, que si el matcha convertido en la bebida cool de Instagram o esas recetas virales que arrasan en TikTok y dejan los supermercados pelados… ahora la fiebre se ha volcado con el pistacho. Este pequeño fruto seco, que hasta hace poco era más gourmet que tendencia, se ha transformado en el objeto de deseo global de foodies, reposteros y creadores de contenido.
El fenómeno no es poca cosa: góndolas vacías, precios que no paran de subir y un mercado internacional al borde del colapso por culpa de la viralidad. Lo que parecía una moda pasajera en redes sociales terminó por desatar una tormenta perfecta que combina capricho gastronómico, producción limitada y cadenas de suministro en crisis.

Lo que es viral dispara la demanda
El epicentro de esta locura se llama chocolate de Dubái, una barra premium rellena de crema de pistacho y masa de kunafa que conquistó TikTok con un video que ya supera los 120 millones de reproducciones. Su estética lujosa y su mezcla de sabores la convirtieron en un símbolo de exclusividad que medio mundo quiso probar de inmediato.
Su efecto ha provocado ventas agotadas en tiendas físicas y plataformas online, y un impacto que ha trascendido al propio chocolate. Heladerías, pastelerías y chocolaterías que ya usaban pistacho en sus recetas se encontraron con retrasos, costes disparados y un ingrediente convertido en oro verde. La viralización deja claro que la logística mundial no estaba lista para sostener semejante boom.

Producción limitada y precios al alza
El problema no es solo el hype: el pistacho ya era un fruto seco frágil en términos de producción. Su cultivo depende sobre todo de Estados Unidos, que aporta el 65% de la oferta mundial, e Irán, segundo gran productor junto con Turquía. La dificultad está en su ciclo: un año puede dar cosechas abundantes y al siguiente rendir muy por debajo de lo esperado. A esto se suman limitaciones de agua, falta de tierras disponibles y políticas arancelarias que reducen aún más el flujo global.

Las cifras lo dicen todo: la libra de pistacho ha pasadode 7,65 dólares en 2024 a más de 10 dólares en 2025. La última cosecha estadounidense fue de calidad, pero escasa, lo que ha inflado los precios. Irán, por su parte, ha redirigido un 40% más de exportaciones a Emiratos Árabes Unidos en tan solo seis meses, dejando menos grano disponible para otros países.
En España, el pistacho ya ocupa más del 10% de la superficie dedicada a frutos secos, y eventos como Pistadica 2025, que se celebra+ en Toledo, buscan trazar un camino: cómo cultivar, procesar y posicionar el pistacho español en un mercado internacional donde la demanda supera con creces la oferta.